jueves, 4 de febrero de 2010

Esquizofrenia estelar

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". . . hay épocas del año en las que el suelo es verde, en otras amarillo, y luego castaño, o negro. Y también rojo, en algunos sitios, que es color de barro o de sangre sangrada. Pero eso depende de lo que en el suelo se ha plantado y cultiva, o aún no, o ya no, o de lo que por simple naturaleza ha nacido, sin mano de nadie. . ." Saramago

Y entonces como la hoja que vuela "ligera" con la más mínima brisa eólica, aparentemente "imprecisa", ella .. se deslizó.

Atravesó parajes sinuosos de caminos transitados en el tráfico vorágine de la madrugada. Cuantificó las ruinas sepultadas, ocultas y bien disfrazadas entre los monumentos cotidianos, y por la tarde se halló a si misma cavando túneles secretos por canaletas de agua. Ríos afluentes que con los años han perdido el brío de la corriente y sin embargo dejaron a su paso las huellas de aquel agitado recorrido.

Dibujó con la yema del pulgar, sobre el aire, el remanente de una tarde lluviosa, por default nostálgica y los recuerdos de las nubes borrosas se confundieron con la bruma esquizofrénica del amor fugaz.
Reestructuró los fragmentos de un silabario complicado, tratando de hallar un mensaje oculto: el destino escrito en un campo semántico por demás adoquinado y fatalista.
Desintegró planetas enteros sin mostrar remordimiento o compasión alguna. . el superyó exacerbado se marchó con la dignidad que ostenta un monigote social regido por la “moral”. Los bajos instintos hicieron acto de presencia. Las ideas premeditadas comenzaron a fluir . .
Como un Fray fanático y empedernido edificó un templo profano, oscuro. El retablo principal era una pileta de crímenes inconfesables. No existió diezmo requerido, sin embargo se le volvió una costumbre enferma arrojar madejas incontenibles de suspiros: largos, precipitados, entrecortados, ahogados, prisioneros.
El sinsentido de la vida se volvió una religión pagana, cada noche se aventuró a caminar de tu mano por las sombras y con los ojos cerrados, ansiando el olor de la intemperie, la incertidumbre que causa el sabor de lo prohibido.
Recorrió laberintos mentales interminables disfrutando la compañía de tu voz, y permaneció inamovible en la cárcel con puertas abiertas, deleitándose de ti.
Un día, sin más quehacer que el vicio mismo del placer de la agonía, él decidió marcharse. En su adiós ella encontró la invitación; el mecanismo adecuado al perfecto funcionar de un reloj descompuesto. Y como en el dominó la causa se volvió efecto.
El relente lunar desplumó sus alas, los alfileres puntiagudos desangraron el corazón, asteroides desorbitados colisionaron. . . el mundo se desintegró. Y en la agonía de la estrella moribunda, un destello de luz alcanzo a rosar tu piel . . .un te quiero se escurrió entre las paredes blancas, la habitación de pánico se abrió y a falta de la camisa de fuerza acostumbrada … Ella . . simplemente enloqueció…

2 comentarios:

Lord Edramagor dijo...

Curiosamente, quienes intenten seguir los caminos amoratados que vamos estableciendo como en una bitácora ineludible, solo hallarán sinsentido ahí donde nosotros hemos gritado que las metáforas son fichas para un tablero sobre el que hemos -decididamente- obviado jugar.
Pero de los ecos descarnados, de los crímenes inconfesables, de los bandidos cínicos, de los tiranos sin cautela, de los que prefieren legión que margaritas, y de nadie más, es el entendimiento postrero sobre las cuestiones de las que aquí se versa.

Samuelósteles dijo...

Iba a ponerme rebuscado pero... las drogas son destructivas.


No sé, como que eso de hablar de ti misma en tercera persona me genera inquietud hacia esos momentos que intuyo conocer


Pero luego, descubro muchos más un tanto enigmáticos que me hacen imaginar de más, igual y no hay nada o igual y está todo


A veces es necesario quedarse en silencio, como quien espera, como quien acecha, para parecer interesado en algo...


Autocompasión...“Nunca vi a una criatura salvaje compadecerse de sí misma.
Un pájaro caerá muerto congelado desde su rama
sin sentir autocompasión jamás”

D.H. Lawrence


Yo qué sé, eso vino a mi mente, creo que pecamos de lo mismo... "no lo sé de cierto..."

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